En los últimos meses he estado bastante activo en cuanto a desarrollos terminados y puestos en producción. Desde aplicaciones con IA y experiencias visuales con Three.js hasta aplicaciones para crear listas de deseos para embarazadas 😀. Incluido este blog.
Construir más no siempre significa aprender más
He podido hacer realidad la mayoría de las ideas que me han rondado la cabeza en cada momento. Pero… ¿de verdad tiene sentido hacerlo?
Después de cuatro o cinco proyectos y aproximadamente dos meses de desarrollo entre todos, haciendo retrospectiva, solo he aprendido algo más de SEO de lo que ya sabía y algunos fundamentos sobre la aplicación de la IA a productos.
Podríamos pensar que solo con eso ya merece la pena, pero estoy seguro de que una fase de estudio centrada en esos temas, la lectura de libros relacionados o cualquier método similar habría dado el mismo resultado, o incluso uno mejor, en menos tiempo.
Quizás el único beneficio sea destacar un poco más, hacer mi GitHub más atractivo y mostrarle a algún miembro de Recursos Humanos que quiera stalkearme lo rápido que construyo.
Pero meh.Ahora mismo tengo un buen trabajo y ninguna necesidad ni ganas de cambiar de aires, así que tampoco lo considero un argumento demasiado importante.
De lo que sí estoy seguro es de que mi independencia con respecto a la IA ha descendido.
Si tenemos en cuenta que llevo desde noviembre del año pasado sin escribir apenas código a mano, tanto personal como profesionalmente, y lo combinamos con los nuevos flujos bastante increíbles que podemos montar los desarrolladores mediante skills, workflows o agentes sin harness como Pi —bastante potente, la verdad—, el cóctel resultante es una mezcla de adrenalina, sensación de realización y muchas dudas.
Todos aquellos a los que les guste programar saben de lo que hablo.
Siempre hemos tenido ideas que nos hacía mucha ilusión construir y que, de alguna manera, terminaban olvidadas o cuyo desarrollo acabábamos abandonando.

¿Y por qué?
Creo que aquí está la clave.
Antes de la IA, las ideas tenían que sobrevivir
Antes de la IA teníamos que ser muy conscientes de nuestras posibilidades, nuestros conocimientos, nuestro tiempo y nuestros recursos.
No te ponías a construir un MMORPG sin saber utilizar algún motor de videojuegos. También medías muy bien las funcionalidades y las piezas de un nuevo MVP para no perder seis meses de trabajo en un proyecto que después no le interesara a nadie.
En muchas ocasiones le dabas varias vueltas al proyecto, al menos a sus fases principales. Y un gran número de veces llegabas a la conclusión de que tu idea carecía de sentido, de que no ibas a poder desarrollar una funcionalidad principal decente debido a determinadas limitaciones o de que, directamente, era una mierda.
Abandonar la idea, en numerosas ocasiones, requería más esfuerzo que tener la chispa inicial.
Ahora esto no pasa.
Tenemos un nuevo superpoder que nos proporciona la confianza necesaria para pensar que podemos montar cualquier cosa. Somos máquinas perfectas y hasta podemos ejercer prácticamente cualquier puesto dentro del desarrollo profesional con relativa facilidad.
Las ideas ya no se abandonan.
No se cuestionan.
Se suben a producción en menos de un mes, con una sonrisa en la cara, pero con un vacío en el corazón. Permitidme que me ponga poético.

Dejando al margen esto último, aunque ya es bastante triste que poco a poco nos estén robando la ilusión de programar y de sentirnos orgullosos de nuestro trabajo, hay algo todavía más grave en todo esto:
Nos estamos saboteando a nosotros mismos.
Ese análisis que antes nos hacía abandonar un proyecto también nos ayudaba a descubrir qué debíamos aprender o en qué necesitábamos profundizar.
Cuando de verdad querías construir algo bueno, te esforzabas en ponerte al día, leer documentación, investigar qué framework era más adecuado para tu objetivo y comprender muchas otras piezas del problema.
Muchas personas se están rindiendo al futuro. Piensan que la IA será todavía más inteligente y que llegará un momento en el que ni siquiera hará falta saber qué herramientas utilizar.
Sin embargo, mi sensación personal es que la IA ya tiene inteligencia de sobra.
Por mi experiencia personal, por lo que observo en compañeros de trabajo y amigos, y por lo que leo por ahí, veo cada vez más errores de planteamiento, errores de negocio o simples descuidos.
Son cuestiones no técnicas en las que quien ha fallado no es la IA, sino nosotros.
Cuando se produce un error o un comportamiento inesperado y no puede detectarse simplemente como un bug, la propia IA empieza a patinar. Su detección se vuelve mucho más difícil porque, a priori, no existe ningún fallo técnico.
Al contrario de lo que pudiera parecer, ahora necesitamos un conocimiento todavía más profundo sobre lo que hacemos. De lo contrario, algún día podemos llevarnos un buen susto, perder por completo nuestra capacidad de decisión o, directamente, quedar como tontos cuando ni siquiera sepamos responder por aquello que hemos construido.
Automatizar el código no automatiza la responsabilidad
Últimamente veo mucho en Twitter la tendencia de optimizar todo el proceso de trabajo hasta el punto de no tener que echarle ni un vistazo al código que subimos a producción.
Para aplicaciones personales, creadas desde cero, sin criticidad y sin consecuencias reales, vale, te lo compro.
Pero el mundo real avanza mucho más despacio. Ni siquiera existe todavía una adopción completa de la IA en el desarrollo de software.
¿De verdad alguien piensa que una persona de carne y hueso, con responsabilidad directa sobre un producto, va a permitir que la IA gestione de forma completamente autónoma el código que controla sistemas logísticos, bancarios o sanitarios?
Para mí, es aquí donde empieza la burbuja: cuando confundimos lo que técnicamente podemos automatizar con aquello cuya responsabilidad estamos realmente dispuestos a delegar.
Parar la rueda
Teniendo todo esto en cuenta, aunque en el trabajo nos veamos casi forzados a mantener una productividad descomunal, ya sea de forma explícita o simplemente por miedo al futuro, creo que sería buena idea bajar una marcha en nuestro tiempo libre.
En nuestros proyectos personales, o en cualquier cosa que hagamos por voluntad propia, deberíamos poner el foco más que nunca en lo importante y continuar aprendiendo de manera tranquila, asimilando bien los conceptos, no construir por construir.
No se trata de renunciar a la IA ni de dejar de aprovechar todo lo que nos ofrece.
Se trata de no confundir la capacidad de construir algo con la capacidad de comprenderlo.

