Tengo 30 años y llevo más de siete dedicándome al desarrollo de software.

De mantener lo viejo a construir lo nuevo

Empecé como muchos: manteniendo sistemas de otra época, siendo ese junior que aterriza en un proyecto sin demasiada idea de cómo funciona el mundo. Con el tiempo fui especializándome en el desarrollo de interfaces, APIs, diseñando y construyendo aplicaciones desde cero con herramientas y arquitecturas más modernas.

En la variedad está el gusto

Gran parte de mi tiempo libre acaba inevitablemente dedicado a programar, experimentar y aprender cosas nuevas. Unas por trabajo, otras por curiosidad —a veces las dos a la vez—, por lo que he acabado trabajando en una gran variedad de proyectos:

  • Interfaces de usuario, experiencia de uso y accesibilidad
  • Sistemas de diseño y UI Kits para empresas
  • Renderizado en servidor, rendimiento web y posicionamiento en buscadores
  • Tiendas online y plataformas públicas orientadas al usuario final
  • Herramientas internas y paneles de administración
  • Aplicaciones móviles, tanto nativas como multiplataforma
  • Videojuegos (Unity, Godot… el gusanillo que siempre tenemos los que hemos crecido pegados a un ordenador 😄)
  • Servicios y APIs
  • Bases de datos, sistemas de mensajería y despliegues
  • Métricas, monitoreo y observabilidad
  • Y una cantidad difícil de justificar de experimentos con inteligencia artificial
Incluyendo algún generador local capaz de transformar mi cara en una piña en tiempo real a unos impresionantes dos fotogramas por segundo.

Lo que más me ha moldeado

Si hay algo que valoro más que cualquier tecnología es haber trabajado en entornos muy distintos: empresas grandes y pequeñas, proyectos heredados y productos creados desde cero, con más y menos responsabilidad, en roles muy distintos y tanto bajo la tranquilidad de un contrato fijo, como de la aventura que es ser emprendedor.

He vivido los dos extremos del día a día: el modo cueva, programando en solitario, sacando tareas de un buzón sin hablar con nadie en días; y el modo cliente, tomando requisitos, entendiendo sus preocupaciones y presentando/defendiendo las soluciones que teníamos para ellos.

He tenido la suerte de coincidir con personas brillantes, y con otras que te enseñan exactamente cómo no hacer las cosas.

Toda esa mezcla —los entornos, los roles, compañeros y clientes— es lo que más ha moldeado mi forma de trabajar. Ningún curso te prepara para no llegar nervioso a una demo con cliente, para trabajar a contracorriente cuando te contratan para rehacer algo que hizo su equipo interno ( con el que tienes que convivir mientras te miran mal, o te ocultan información ), o para buscarte la vida como autónomo en un país donde emprender no es precisamente un camino de rosas. Eso solo lo da el tiempo y la variedad.

Por qué escribo

Aquí pretendo volcar todo eso, simplemente como descarga personal y aportando un mínimo de valor a eso que llaman marca personal (aunque no sé si ni siquiera llegaré a compartir activamente este blog 😄), seguramente no lleve razón en algunas cosas o acabe cambiando de idea en muchas otras, pero así es la vida y más si te dedicas a esta profesión, pero sí creo que años de experiencias reales —buenas, malas y directamente surrealistas— dan un mínimo de criterio del que merece la pena dejar constancia.

Si alguien se ve identificado con algo de lo que cuento, o le sirve para algo, mejor que mejor.